Editorial de Nuestra Propuesta
Cuando tras los primeros cacerolazos de teflón la presidenta Fernández de Kirchner llamó a la Plaza de Mayo, el Partido Comunista se hizo presente. Aquel fue un gesto en contra del accionar golpista del a derecha por entonces todavía camuflado en la humareda y a favor de una definición vigorosa sobre las retenciones y por la distribución de la riqueza. El evidente carácter reaccionario del lock-out dirigido por las patronales terratenientes dispuestas a pelear con todas las armas para defender e incrementar su poderío económico aun a costa de la depredación sojera del suelo y el consecuente desabastecimiento y encarecimiento de los productos de primera necesidad hizo de la convocatoria del miércoles pasado una plaza de carácter masivo, más calificado y de perfil más plural. La Plaza estuvo colmada de trabajadores y sectores medios. Nuestras banderas reclamaban el rechazo a los intentos desestabilizadores de la derecha y se manifestaban a favor de la distribución de la riqueza. Todo esto en la comprensión de que de la crisis se sale con medidas en profundidad, para empezar, con el aumento salarial, el de los beneficios sociales y el de las jubilaciones.
Como clase, el grupo agroexportador no solo logró encolumnar al conjunto que involucra la propiedad estanciera en toda su graduación de hectáreas, no solo dispuso de los medios masivos de información para presentar el conflicto como la pulseada entre un agricultor campechano de la Mesopotamia y una reina terca, sino que aprovechó para reciclar la basura política desparramada en un suculento partido de derecha. Un partido con capacidad de movilización política y con la impronta de un posible partido agrario. Con una idea bien clara acerca de la propiedad, que se opone a cualquier medida de carácter social porque no es negocio. Desde su atractiva y vieja lógica, negocio de todos o de muchos no es negocio.
A la derecha han ido coincidiendo desde sectores y figuras que pro Carrió, ex candidata que en su campaña presidencial propugnaba las retenciones y el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, hasta personajes más consistentes de nuestra historia política, como Eduardo Duhalde. La derecha a la que nos referimos es capaz de cortar rutas, tiene los medios para controlar el grueso del discurso periodístico y dispone de la tecnología militar. Según Página12, los mensajes de texto que invitaron a salir de cacerolas partieron y fueron diseminados desde Remonta y Veterinaria del Ejército, utilizando para ello bases de datos telefónicos capaces de discriminar al abonado por su relación con el agro.
A caballo de su trajinada cintura, el ex presidente Duhalde comienza a actuar sin antifaces. El hombre y su grupo, lo sabemos, son gente acostumbrada al poder, y ducha además en su uso para desalojar a otra gente de sus esferas de interés e influencia.
Para más datos, es conveniente destacar las preocupaciones del departamento de Estado norteamericano y la CIA, que monitorean a la Argentina, previendo que a continuación del conflicto agrario, la creciente inflación contribuirá a limar aun más al gobierno, y en una tercera etapa le caerán encima los vencimientos de la deuda externa, preparando así las condiciones para alternativizar desde la derecha.
Del enemigo, el consejo. Quienes disputan la carrera a favor de la crisis están en marcha. El gobierno sigue pensando que es viable un capitalismo que instala universidades de élite en las plantas de sus fábricas multinacionales.
Los sectores populares en su heterogénea variedad nos demoramos en ensamblar un acuerdo político de izquierda, de cambio verdadero, en un proyecto político idóneo y valiente al ritmo de los procesos en curso en la región. Y se entiende que el programa de estos sectores en pugna con las derechas es el de la liquidación de la abrumadora diferencia entre quienes más y menos ganan, como lo pretende el Partido Comunista.





